Supongo que cada uno lleva la crisis como puede. En mi caso,
lo reconozco, he tenido cierta regresión a la adolescencia, incluida una vuelta
a mis gustos musicales más cañeros. Nunca me ha dejado de gustar el rock, ni el
metal, pero, como mucha gente alrededor mío,ha comprobado, he vuelto ha
escuchar completamente entregado a bandas que hacía muchos años que no lo
hacía.
Precisamente, como consecuencia de esta regresión y sumado a
que no me van ni los coches ni las motos, caprichos típicos de las crisis de
este tipo, durante este año me he sacado entradas para prácticamente todo
concierto, festival y evento que he tenido oportunidad.
Así, justo ahora que se me acaba la cifra redonda, me he
propuesto hacer balance de lo que ha supuesto este año que, tengo que ser sincero
y aunque a veces me queje, no me lo he podido pasar mejor. Voy a intentar
contar, en distintas entradas del blog, mis experiencias vividas en todos estos
conciertos. No me lo he planteado como una serie de críticas especializadas, porque
para eso está la prensa, y tampoco lo voy a hacer por orden cronológico. De
hecho, voy empezar por casi el final.
¡Espero que os guste!
Download 2018. All aboard!!!!
El tercer día del festival Download 2018, el sábado 30 de junio, ha sido el día que mejor me lo he pasado en un festival. Probablemente no el mejor concierto individual, pero en conjunto, no tengo la más mínima duda. Al último día de un festival siempre se llega un poco cansado. Además, a finales de junio y para cuando empieza lo bueno, es todavía de día y hace un calor de muerte. Así que de tranqui, pensamos y, aprovechando el momento, nos pasamos por los escenarios pequeños que hasta entonces habíamos pisado poco.
Llegamos para ver acabar a Ego Kill Talent que, por lo
poco que vimos, suenan muy bien. Para cuando terminaron había ya mucho movimiento
en el escenario 4, así que nos acercamos. Al principio, observamos curiosos
mientras nos informábamos de quien era el siguiente; Crossfaith.
¡Japoneses, toma ya, qué exótico! Muchos nos sonreímos
porque, además, acababa de leer en la app del festival que era una de las
bandas más “impresionantes del planeta”.
¡Nada menos!
Pocas ganas, pocas expectativas, una cerveza y a ver a
Volbeat, pensé. Por todo esto, no es fácil describir lo que pasó en los
siguientes 40 minutos. Quizás el siguiente vídeo os ayude a entenderlo mejor.
Nos dio igual la hora, el calor y lo que nos quedaba por
delante. Sin sabernos ni media canción, acabamos dando botes como locos
mientras todo el que pasaba por allí no sólo se quedaba, sino que también
empezaba a dar saltos, contagiados por la energía y el buen rollo que
desprendían los chicos japoneses. Algunos dicen que el Rock es una actitud, ¡pues
Crossfaith tiene actitud para dar,
regalar y aun les sobra!
Una recomendación. En estos festivales grandes,
pasaros por los escenarios pequeños, dad una oportunidad a estas bandas que
tienen todas las ganas de comerse el mundo y, encima, se suelen mostrar tan
agradecidos como si el favor se lo hicieras tú a ellos. Vamos, igualito que Bullet for my Valentine, aunque ya
tendremos tiempo para hablar de eso en otra entrada.
Con una sonrisa en la boca nos fuimos hacia el escenario
principal. Volbeat es una
banda que le gusta a todo el mundo y no me extraña; divertidos, rápidos, buenas
melodías y una voz muy potente. Por ejemplo, mi hija de siete años se sabe el “Fallen” de pe a pa y a mi mujer le encanta
“Devil’s bleeding crown”, con la que empezaron
el show.
Desde luego no defraudaron, suenan fenomenal y el cantante, Michael
Poulsen, está en plena forma. Sonaron grandes temas como “Lola Montez” o “Black rose” hasta acabar con “Still
counting”. Lo único malo es que se hizo corto.
Es lo que pasa en los festivales, quitando los cabezas de
cartel, los demás no suelen llegar a una hora. Además, en el caso del Download,
muchas de las bandas punteras como Volbeat empiezan alrededor de las 20:00. En
mi opinión, estos horarios les hacen lucir poco, sobre todo teniendo en cuenta
que es un festival que para la 1:30 ya no tiene música en directo. No sé,
a lo mejor se podrían replantear los horarios como en otros festivales, donde los directos
aguantan hasta las 2:30 o 3:00 de la madrugada.
Según acabó Volbeat, nos movimos un poco encarando al escenario
número 2. Enseguida empezó el tercer concierto
del día; Judas Priest, otro grupo
con solera y clásico donde los haya. No les había vistos nunca y, aunque
tampoco puedo decir que sean mis favoritos, sí que tenía muchas ganas de oírles.
¿Quién no tiene en la cabeza su imagen medio sadomaso? Son los reyes del cuero,
las tachuelas y los movimientos de cabeza y guitarra acompasados.
Lo primero que me sorprendió fue lo viejo que parece Rob
Halford y lo grande que le está la ropa, eso sí, sin faltar la tachuelas,
flecos y pinchos. Pese a todo, y no menos chocante teniendo en cuenta su edad,
es el buen estado de la voz del cantante que estuvo a muy buen nivel. He de
reconocer que no he escuchado mucho los últimos discos de los Judas por lo que
para mí, el concierto fue de menos a más, cuando fueron cayendo las canciones
de toda la vida. No sé si es porque es mi favorita, pero el “Painkiller” fue increíble. Aquí os dejo
un vídeo de la canción como sonó aquel día.
Aprovecho el concierto de los Judas para una pequeña
reflexión. El Rock siempre ha sufrido y, desgraciadamente sigue haciéndolo,
trágicas pérdidas por excesos de todo tipo, algún crimen y una terrible epidemia de suicidios. Sin
embargo ahora nos encontramos con un escenario nuevo, que simplemente consiste en
que muchos se están haciendo viejos, muy viejos. Glenn Tipton el
guitarrista de Judas ha tenido que dejar la banda por que sufre Parkinson, si
bien, es cierto que tuvimos la oportunidad de verle tocar “Metal Gods” con la que le homenajearon en el Download.
Todos sabemos lo que le ha pasado a AC/DC con Malcolm Young o
Brian Johnson. Tendremos que acostumbrarnos a estas cosas aunque, lo que me
preocupa, es que ahora mismo no veo que haya posibilidades para un verdadero relevo generacional. Mirad los carteles de los grandes festivales donde bandas
como Kiss, Scorpions, los propios Judas o Iron Maiden siguen en lo más alto del
cartel. No digo que no quiera ir a verles, ¡en absoluto, me encantan!, pero no
tengo claro que hoy por hoy tengan un relevo de garantías y tampoco sabemos cuánto
les queda en activo.
Hablando de gente que está empezando 😉, nos quedaba todavía Ozzy Osbourne en el horizonte. No sabía
que esperar del concierto, porque de Ozzy se puede esperar cualquier cosa.
¿Estará en forma? ¿Se comerá otro murciélago?
¿Se acordará de que hoy tocaba aquí? ¿Recordará las letras? ¿Será uno de
esos días de apoteosis? En fin, después de haber leído tanto sobre él, me
esperaba cualquier cosa.
Aun así, tenía buenas sensaciones. El cantante de Avenged Sevenfold ya nos había
advertido un par de días antes; “no os perdáis a Ozzy”. Buena señal, aunque después
de haber visto a Guns and Roses y la
actuación de Axl, tampoco me fiaba del todo. Ozzy tiene, entre suyos propios y
con Black Sabbath, una decena de temas que me encantan, por lo que me hubiera
conformado con escuchar en directo algunos de ellos. Sin embargo, no me hizo
falta conformarme porque nos ofreció un concierto memorable donde pude
comprobar lo grande que es él y la banda que le acompaña, en especial, ese
monstruo de la guitarra que es Zakk Wylde.
Ahí estaba Ozzy, con esa forma de moverse por el escenario, no mucho tampoco, algo encorvado, con las manos hacia delante y cara de pillo, recordándote un poco a Chiquito de la Calzada. Se ganó a la gente poco a poco, tema a tema, sin prisa
pero sin pausa, hasta que la comunión con el público fue total. Quizás sea
menos complicado cuando tienes en tu repertorio canciones como “Crazy train”, “Shot in the dark” o “Mr.
Crowley” y a esa gente tocando contigo, aunque no se le puede negar que, más
o menos predispuestos desde el principio, todos nos fuimos rindiendo al talento del de Birmingham. Para mi
gusto, fue el mejor concierto de todo el festival y los hubo muy buenos.
Me parece muy revelador ver cómo varias generaciones
fliparon con el show. Porque allí había gente de edades muy dispares. Yo mismo
no había nacido (y me quedaba todavía) cuando Black Sabbath sacó el Paranoid
(última canción del concierto, ¡imposible acabar mejor!) y allí estábamos todos,
desde setentones hasta adolescentes, coreando el nombre de Ozzy.
Para acabar una anécdota de lo que nos llevamos aquella
noche. Después del concierto nos fuimos a comer algo y delante de mí, haciendo
cola en el puesto de comida, había un chico de unos veintipocos. Cuando llegó
su turno, este le dijo al que atendía aquello:
“Una brocheta de pollo, una de cerdo y ¡viva Ozzy!”
Pues eso, ¡que viva Ozzy!



Life Begins at 40 según John Lennon.
ResponderEliminarLeyéndolo me han dado ganas de escuchar a todos los grupos que comentas, porque no son mi estilo y no tengo el gusto de haberlos escuchado
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