Después de asistir a unos cuantos festivales grandes, ir a un
festival de una pequeña ciudad en la costa de Inglaterra fue todo un cambio.
Aquí, en la Inglaterra rural, estos festivales veraniegos son muy populares y
prácticamente cada pueblo, incluso el más pequeño, tiene el suyo propio. Sin
embargo, no se puede negar el gran poder de convocatoria que tienen y la cantidad
de gente que reúnen. También se bebe, se come, se baila, hay verbena, ¡vamos
como en las fiestas de tu pueblo! Aunque, eso sí, con algunas diferencias
notables;
1. Tienen un formato clásico de festival de
música.
El festival empieza y acaba del tirón, es decir,
independientemente de lo que haya alrededor, feria, concursos, etc., siempre
hay alguien tocando en el escenario. Claro que aquí, como en todas partes,
también hay que tener en cuenta el caché, aunque de esto ya hablaremos más
adelante.
2. Se saben todas las canciones (y las cantan
bien, claro).
Primera diferencia importante. Como en toda verbena, las
bandas tocan los grandes éxitos locales, en este caso, toda una selección de
Brit-Pop y Rock. En España, cuando te tocan una en inglés, e incluso en algunos
conciertos (yo no me sé, ni mucho menos, todas las canciones de las bandas que
voy a ver), en muy normal apañarte con “I
wanna aaaah, youuu, yeaah, nanana naaa”. Tengo un amigo que dice que, para
estos casos, la combinación “whatever and
ever” pega prácticamente con cualquier melodía.
Vale, estos trucos están bien, en casa, ¡pero es que aquí se
las saben todas y las cantan perfectamente! Así que a aguantar el tipo y a
sacar recursos, que se tienen que notar todos estos años haciendo “listenings”. Es más, creo que deben
incluir un festival de estos en los cursos de “full inmersion”, porque hay que currárselo para dar la talla.
3. Todo parece más “cool”.
Los ingleses cuidan mucho la imagen de las cosas y todo te
lo explican como si fuera algo realmente notable y singular. Aunque al final es
prácticamente lo mismo, lo parece un poco menos si en vez de ir a ver a la
“orquesta”, vas a ver a una “banda de versiones” (mira, por ejemplo, a Guns and
Roses o Marilyn Mason, que para mucha gente son justo eso).
Otro aspecto a tener en cuenta es la propia imagen de las
bandas. Por ejemplo, la que era cabeza de cartel (creo que fue la única que
cobró algo por estar allí) tenían una estética entre Blur y Oasis (dependiendo
del integrante) que era muy resultona. Te da la sensación de estar en un
concierto, que es realmente lo que es, y no como en casa, donde el estándar de verbena
parece sacado de un programa de José Luis Moreno.
En resumen, ¡menos lentejuelas y más “casual”! O lo que sea, pero menos rancio.
4. El repertorio podría ser tranquilamente la
lista de reproducción de un hípster.
Esto también podría estar asociado al punto anterior sobre
todo porque, teniendo en cuenta los temas que se marcaron, podría haber sido un
resumen de los mejores momentos del Mad
Cool. Se escucharon temas de Artic
Monkeys, Depeche Mode, Franz Ferdinand, White Stripes, Kaiser Chiefs,
además de Oasis, The Verve, Pulp o Blur.
Aquí, recortamos distancias en cuanto a “coolness”; los “outfits” de los asistentes al Mad
Cool, nada que ver con las pintillas estándar del North Walsham Beer Festival, ¡chúpate esa Victoria Beckham!
Pensando un poco, con lo bien que tocan estos chicos, su
repertorio y todo lo demás que hemos dicho, podrían triunfar en las mejores
fiestas hípsters y culturetas en España. El Mad
Cool pero un poco más low-cost.
Ahí lo dejo.
5. Las abuelas son rockeras.
Esto es, sin duda, herencia de la cultura musical de este
país. Aquí la gente más mayor, que ya flipaban con los Beatles y los Rolling Stones,
se lo pasa pipa con las canciones más rockeras. Si bien la gran mayoría de las
canciones están muy lejos de ser de su época, seguramente la eclosión de la
cultura pop de los años 60, les hace ser mucho más receptivos a lo nuevo y,
como pude experimentar, a disfrutarlo.
Esta herencia hace que la música tenga mucha importancia en
este país. Desde luego no es mi modelo de sociedad favorita, pero las
oportunidades que tiene aquí la gente más joven de poder tocar en público están
muy bien y, en mi opinión, marcan la diferencia.
De hecho todas las bandas del Festival eran locales (hasta
la que cobraba) y mi amigo inglés me iba contando; “con ese iba al colegio”,
“con el otro tuve una banda en el instituto” o “aquel es amigo mío de toda la
vida”. Ya va siendo hora que las nuevas generaciones de músicos españoles
salgan de otros sitios distintos de un “Talent
Show”.
6. Los festivales suelen estar asociados a
“otra cosa” además de ser benéficos
Que sean benéficos está bien, así hagas lo que hagas, lo
harás por una buena causa. Luego, aparte de música, suelen tienen otro motivo
añadido. El año de pasado estuve en uno que era Food & Music Festival y este año era directamente Beer Festival. Podías elegir entre 50
cervezas locales, muy artesanas todas, cada una de ellas aportadas por un
patrocinador distinto, que competían entre ellas a ver cuál tenía menos
burbujas, menos espuma y estaba más mala.
Si me hubieran preguntado a mí, diría
que ganó una que directamente parecía café y sabía a rayos. Ojo, todo muy
ordenado, que hasta te daban un papel donde podías apuntarte las que te habías
tomado, supongo que para no repetir.
Siempre me sorprenderá que la cerveza esté más caliente que
la temperatura ambiente; “la temperatura ideal para una ale” me dicen siempre. Aquí, les ponían una especie de mantita por
encima a los barriles, no fuera que se enfriasen un poco.
Hasta aquí mi participación en los festivales rurales
ingleses, los cuales, os recomiendo de corazón. Buena música, buena gente y
toda una experiencia que os ayudará a entender mejor a un país como Inglaterra,
que no hace más que empezar donde termina Londres.
¡Os veo en la próxima entrega!


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